Según estimaciones de Joseph Stiglitz, Nobel de Economía y ex vicepresidente del Banco Mundial, la ilegal, ilegítima e injusta guerra de Irak arrastra un gasto de 3 billones de dólares.
«La pregunta que se hace cualquiera es simple: ¿como es posible que todo este “gasto público extraordinario” no haya logrado impedir la crisis financiera que está minando el sistema internacional? Y especialmente: ¿cómo es posible que los ciudadanos norteamericanos no se den cuenta? Stiglitz, ni que decir tiene, responde: “El precio en términos de sangre lo pagan voluntarios y contratados” (no los soldados de leva). Pero, “aunque los impuestos no hayan aumentado para pagar la guerra, los costes de ésta los han financiado totalmente los contribuyentes”. Truco, lo hay. “El gasto a través del déficit engendra la ilusión de que las leyes de la economía pueden ser anuladas, y de que se pueden tener al mismo tiempo mantequilla y cañones”. Una ilusión, huelga decirlo. “Los costes de la guerra son reales, aunque puedan ser diferidos, posiblemente a otra generación”. Pero, antes o después, se pagan. Porque, además, a diferencia del gasto keynesiano en “mantequilla” (es decir, en bienestar), el gasto en “cañones” tiene un efecto multiplicador muy bajo sobre el desarrollo. Concentra los beneficios en poquísimas manos, pero no “redistribuye” casi nada. Ni siquiera en Estado Unidos»
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